Fechas módulo: 6, 20 y 27
En el transcurso de las tres reuniones de las que dispondremos, les proponemos tratar un aspecto
que entendemos fundamental al momento de pensar un encuentro que pueda caracterizarse
como psicoanalítico; el de nuestra relación con el no saber, la incertidumbre. Fuente de malestar
que es inherente a la sesión analítica, es también un elemento central de todo proceso de análisis.
Y es que el concepto de “atención parejamente flotante” de Freud, uno de los ejes fundamentales
del posicionamiento analítico, encierra esta paradoja. Freud nos advierte “Tan pronto como uno
tensa adrede su atención hasta cierto nivel, empieza a escoger entre el material ofrecido; uno fija
un fragmento con particular relieve, elimina en cambio otro, y en esa selección obedece a sus
propias expectativas o inclinaciones. Pero eso, justamente, es ilícito; si en la selección uno sigue sus
expectativas, corre el riesgo de no hallar nunca más de lo que ya sabe (…) No se debe olvidar que
las más de las veces uno tiene que escuchar cosas cuyo significado sólo con posterioridad
discernirá” (Freud, 1912). W. Bion, como tantos otros autores postfreudianos que se ocupan de
esta temática, formula en forma elocuente la siguiente paradoja: “Si dedico tiempo a comprender
lo que alguien me dice, no podré escucharlo” (Bion, 1974).
Quizás radique en este punto uno de los aspectos que hacen al psicoanálisis diferente de otros
enfoques psicoterapéuticos. Nuestro objeto de estudio -lo inconsciente- es como el sujeto omitido
de una oración. Lo podremos colegir, intuir, por sus efectos indirectos en el discurso, pero nunca
en su esencia. Las posturas asertivas, explicativas, en este sentido son marginales a la experiencia
analítica, que podrá sostenerse solo a costa de nuestra capacidad abstenernos de las tentaciones
narcisistas de ocupar un lugar de saber frente al paciente, de tolerar la incertidumbre.
Si –aunque sea en forma provisional y por momentos- logramos resistir el sucumbir a nuestras
convicciones, tenemos la chance de inaugurar un espacio potencialmente creativo (un ambiente
facilitador), donde el paciente encuentre el marco para su crecimiento mental. La capacidad de
ensoñación (Bion) del analista, su posibilidad de ubicarse como un objeto disponible y no
retaliativo (Winnicott), es en este sentido fundamental como precondición para el surgimiento de
nuevas conexiones de sentido a partir de las manifestaciones de lo inconsciente en sesión.
“Me aterra pensar cuantos cambios profundos impedí o demoré en ciertos pacientes de cierta
categoría de clasificación debido a mi necesidad personal de interpretar. Si sabemos esperar, el
paciente llega a una comprensión en forma creadora y con inmenso júbilo, y ahora disfruto de ese
alborozo más de lo que solia gozar con el sentimiento de haber sido penetrante” (Winnicott, 1968).